De la libertad, la equidad y el derecho a buscar la felicidad


Sebastian M. Beristain*

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América estipula que la humanidad fue creada igual y que posee los derechos inalienables de libertad y felicidad. En este artículo dejaré de lado la discusión sobre si somos producto de la creación o la evolución, y me centrare en negar la libertad y equidad como conceptos objetivos e inmutables. Si bien es cierto que estas nociones pueden resultar útiles para lograr una sociedad más equitativa y justa, resulta pernicioso para ciertos campos de estudio omitir la realidad objetiva y multifactorial que los conceptos representan.

Aunque nos cueste mencionarlo, las personas NO nacen libres. Nacemos bajo ciertos límites dispuestos por un código genético que condiciona nuestro metabolismo bioquímico y nos hace propensos a algunos tipos de conductas. Además, al nacer se está circunscrito por la morfología. De ser totalmente libre, por ejemplo, escogería ser más alto, más delgado o tener el pelo rubio, no obstante, no es posible.

En el mundo social se nos limita a ocupar un espacio predeterminado, de manera que las madres y los padres de un infante le asignan áreas específicas de exploración y conocimiento. De esta forma,  determinan qué objetos de la realidad o la cultura son aptos para la manipulación/observación; a esto se puede añadir que el acceso del infante a ciertos objetos está restringido por el poder adquisitivo de la familia.

Asimismo, las y los profesores estructuran, programan y asignan actividades que se habrán de cumplir en el contexto escolar y fuera de él. La localidad en que la persona se desarrolla y las actividades laborales que puede observar, limitan los probables comportamientos que el sujeto podrá emitir en el futuro. Por último, las leyes y normas jurídicas limitan al individuo a cometer ciertos actos que pongan en riesgo el contrato social.

Respecto a la equidad, podemos decir que es inexistente en los siguientes aspectos:

Inicialmente, las características fenotípicas y morfológicas de cada uno son distintas. Es cierto que estas características personales son más valoradas en ciertas culturas que en otras, lo que a su vez condiciona el trato que recibirán las personas. Esta valoración social se traduce en privilegios que también se hacen presentes en el ámbito jurídico, por ejemplo: la aplicación —o no– de cierta sanción legal relacionada con la solvencia económica que se posee, pues dependiendo del delito cometido, se puede sustituir el castigo de privación de la libertad por el pago de dinero o entrega de bienes.

La inequidad también se hace manifiesta en el aspecto educativo y laboral. En los países bajo regímenes neoliberales, la educación privada —para quines que pueden pagarla— ofrece ambientes enriquecidos y materiales estimulantes que facilitan el aprendizaje y el desarrollo de habilidades; a su vez, los niveles de habilidad o conocimiento adquirido se vuelven determinantes para la obtención de un empleo en la vida adulta.

Respecto a la felicidad no sabemos demasiado. La felicidad es concebida como un estado subjetivo de realización y seguridad; este estado se encuentra ligado a la posición jerárquica que se ocupa, las condiciones de trabajo, las relaciones sociales que se poseen y la cantidad de dinero que se gana año con año. Todos los elementos mencionados anteriormente tienen influencia social sobre la gente de manera que…

Si dependemos de nuestras condiciones de genéticas, culturales, económicas y ambientales, ¿somos realmente libres?

. . .


* Sebastian M. Beristain es psicólogo cognitivo-conductual por la UNAM y colaborador de BPP A.C. 

Comentarios

  1. Muchos temas, poca profundización. Es cierto que en las infinitas posibilidades de un individuo se hacen presente distintas variables culturales, económicas y sociales; al igual que el estructuralismo del neoliberalismo...sin embargo, la lectura no es tan clara al exponer todos éstos temas. Ojalá los puedas profundizar más ampliamente en otros textos.

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